martes, 25 de noviembre de 2008

Armas Del Neolitico

En la noche de los tiempos el hombre primitivo comenzó a fabricar armas para cazar los animales que le servían de sustento. El palo y la piedra fueron las primeras armas que se usaron, cuando nuestro antecesor no era hombre todavía.

Cuando aparece el hombre, capaz ya de fabricar herramientas talladas en piedra, que emplearía en la manufactura de pieles y útiles de madera, inventa y fabrica sus primeras armas, que perdurarían durante cientos de milenios, llegando hasta casi nuestros días. Estas armas primitivas derivaban de aquellos elementos iniciales, el palo y la piedra. Del palo derivaría, en una secuencia inventiva de complejidad creciente, la lanza, la lanza ligera arrojadiza o azagaya, el propulsor de azagayas y el arco. De la piedra lanzada a mano derivarían la piedra encordada o boleadora y la honda.

La lanza primitiva era un simple palo afilado, endurecido al fuego; su uso se prolongaría ya para siempre, en una forma u otra, y su última adaptación a la guerra puede contemplarse en la balloneta calada sobre el fusil de asalto.

Despues aparecería la boleadora, que debió consistir en una o varias piedras redondeadas atadas en tira de cuero o nervios, que se lanzaba a las patas de los grandes hervíboros para trabárselas e inmovilizarlos. Las boleadoras gauchas todavía se usan en Argentina asociadas al trabajo con el ganado, aunque ya más como flolklore que como herramienta.

La honda pudo inventarse a continuación, derivada de la boleadora, todavía en aquellos remotos tiempos paleolíticos en los que la caza y la recolección seguían siendo los medios de vida. Su evidencia, sin embargo, no aparece hasta los tiempos Neolíticos, asociada a dos hechos nuevos: la ganadería y la guerra. Su uso continuado a través de todas las épocas, ha dejado registros arqueológicos y literarios en casi todos los países.

El propulsor de azagayas puede considerarse como el antecesor del arco y aparecería durante el Paleolítico Superior, cuando una nueva especie de hombre, la nuestra actual, se había impuesto y desplazado a las anteriores especies más primitivas. Era realmente un artilugio para lanzar, empujando, una larga y delgada jabalina dotada de punta de hueso o silex.
Cazadores paleolíticos que cruzaron el puente abierto entre Asia y America durante la última glaciación, llevarían el propulsar al Nuevo Continente, donde experimentó un desarrollo extraordinario, perviviendo hasta la conquista de los españoles.
El arco, para terminar con el conjunto básico de armas primitivas o armas paleolíticas, fue el último en aparecer.
Su evidencia se constata en tiempos intermedios entre Paleolítico y Neolítico, en los que la caza seguía siendo la actividad principal.
Las magníficas pinturas rupestres del Levante español aportan información inestimable sobre aquellos arcos primitivos y la vitalidad de las gentes que los usaron.